el parque de niño, la piedra en mi cara, la incomprensión.
Mi abuelo, el Capirote, un silbido en menor
los helados del domingo, el pony de turno,
la fiesta mayor.
Un pueblo en penumbra, dolor escondido...
¡qué salsa tan rosa!
El baño de Pino, el amor de José Luis,
la constancia albina.
Tanta oscuridad y nosotros viendo tanta luz
la gente que merma, que muere creciendo,
que mata al hablar.
Un hierro que oxida, que apaga la llama,
de la libertad.
Huyendo nos fuimos, dejando ataduras
del bien y del mal.
Y sin quererlo allí sigo, al pie del barranco,
viendo la vida pasar.
Los quesos de Juana, las cabras de Juan.
Sardina enlatada, pastores de hogar.
¿Tantos lazos?
no se pueden cortar.
ACOIDÁN