Ron Bermúdez, ayúdame en el confinamiento,
Me encomiendo a ti, como en viejos tiempos,
traeme la brisa del mar
y el beso dulce del viento.
Ron caribeño de antaño,
Siento tan larga ausencia,
pido perdón y clemencia,
y prometo reparar este daño.
Volveré a beber tu elixir.
Confiéreme esos poderes
con los que antaño convertí a los infieles,
en el arte de saber vivir.
eor
Un suave caudal de un rio en invierno
al que siguen galopando cien caballos albinos,
los más hermosos y dulces trotares del destino.
Ay, blanco caballo, con la sien de nieve.
Ay, tibia cobra de veneno breve.
Crecen suaves serpientes. Lo que ayer fue cimiento
hoy es arena. Ay dulce serpiente, que ya te siento.
Ay, dulce serpiente de veneno suave,
Ay, dulce serpiente de veneno lento.
Las que me traen vida y alimento,
son rectas cobras, de veneno lento.
Jugando a cara o cruz en un río helado por mi suerte:
El rápido caudal de la lenta muerte.
A Fernando Merlo
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