me premiaría,
y fijaría
en mi figura
admiración.
Y con afán,
trataría
de convertirme en su hijo pródigo,
en su imán.
Os juro y os prometo
que San Pedro en su sillón,
se agarraba el amuleto.
Se tiraba de los pelos.
E intentaba comprender
tal disensión.
Os digo que al igual que todo hice,
hubo cosas que quedaron por hacer,
comparadas con las malas,
son supérfluas,
son livianas,
fueron cosas del ayer.
Pero os digo, de verdad,
las cosas que nunca hice:
las cosas de las que
me arrepentiré.
orcaixo