y todavía conservo el escorzo
en mi postura.
Angosta mi espalda, y curva,
por la vida y los destrozos.
Sigue el cenicero en su rincón,
y viejos aromas vuelven
de entre los muertos.
Somos como mil Kakás
en resucitación.
Muchos nos dirán de muertos,
y los primeros,
nosotros.
orcajo
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